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15 dic 2016

La novela tecnogótica de Stoker

Oscar Palmer Yañez, el traductor y encargado por Valdemar para el epistolario hecho novela; Drácula de Bram Stoker, plantea en una nota:

(...) Drácula es un perfecto ejemplo de «novela tecnológica» en tanto que, por mucho que nuestros cazavampiros confíen en la superstición y en la religión para luchar contra este enemigo surgido de tiempos remotos, lo que realmente va a darles una mínima oportunidad frente al salvajismo ancestral de Drácula va a ser su entrega total a los más recientes avances de la tecnología: cámaras, fonógrafos, telégrafos, máquinas de escribir portátiles, rifles de repetición, lanchas a vapor, etc.

Si bien en toda la trama nos encontremos con la consideración de que las tradicionales supersticiones llegan a tener mayor utilidad para vencer al mal, si se compara con la visión científica y/o positivista que primaba en la época. Y es que se trataba de la conclusión de un siglo en el que nacieron los movimientos que se opondrían a la razón ilustrada y la ciencia, mientras el Reino Unido encabezaba la carrera en materia de industrialización, facilitando las vidas de los habitantes con toda clase de objetos nuevos que cambiarían la historia. y que, sin consideración del autor o sus personajes, pero sí la del traductor, son las que sirven de herramientas para enfrentarse al temido vampiro.

A pesar de esto Sánchez-Verdejo Pérez reitera la desafiante posición de la obra de Stoker contra la ciencia, contradiciendo la idea de que la novela gótica en sus inicios no fue una reacción a la ilustración dieciochesca, como planteaba Robert F. Geary. Sin embargo Lovecraft podría entrar a contradecir aludiendo a los aportes científicos como un sustento para el horror sobrenatural en la literatura, aunque no sea Drácula una obra de ciencia ficción -la discusión está abierta-, se sirve bastante de estos para sus actos y escenarios.

Finalmente, aunque en esta obra canónica los hombres de ciencias ceden ante el antiguo pensamiento no occidental, tal y como sucede en la narración espeluznante; El Parásito de Arthur Conan Doyle, donde el personaje se encuentra secuestrado por la superstición en el insular corazón del progreso científico, dándole la victoria a las creencias sobre la ciencia, sin importar el desenlace esperanzador de ambas historias, en el caso de Stoker, su personaje declara:

Here I am, sitting at a little cake table where in old times possibly some fair lady sat to pen, with much thought and many blushes, her ill-spelt love-letter, and writing in my diary in short hand all that has happened since I closed it last. It is nineteenth century up-to-date with a vengeance. And yet, unless my senses deceive me, the old centuries had, and have, powers of their own which mere "modernity" cannot kill.
Demostrando que, más que evitar u omitir su dependencia del progreso científico, es algo presente y es indispensable, como dice Palmer Yañez, a lo largo de toda esta novela tecnogótica ambientada en épocas de inevitable avance tecnológico.

22 ene 2015

El caso de Mark Twain

A Samuel Clemens se le conoce y admira por su postura crítica contra la religión, lo hacía con la calidad de escritor de una visión laica sin traba alguna, también se le puede admirar porque no caía en las artimañas de los estafadores, conservando un sano y rescatable escepticismo.

Además, mostraba un interés por la tecnología, apoyando su labor de escribir con el avance de la máquina de escribir en su época, inclusive estaba muy relacionado con el reconocido y brillante inventor Nikola Tesla, al punto que se le puede ver al escritor en el laboratorio de este último:

Fuente


Pero también estuvo por un tiempo impresionado por lo misterioso, ya que posterior la muerte de su hermano, a causa de una explosión en el barco a vapor Pennsylvania, aseguraba que había soñado cómo iba a suceder esta tragedia, debido a esto, junto a otros eventos raros durante su vida, el autor se vio interesado en buscar explicaciones desde la parapsicología, haciéndose miembro de la Sociedad para la Investigación Psíquica, compaginando con William James, y planteando una especie de capacidad de la mente humana de transmitir el pensamiento, mental telegraphy (¿telepatía?), sin necesidad de conexiones, lengua y sin importar la distancia.

Si bien es rescatable el que el hombre propusiera buscar un modo científico para desarrollar esta influencia de una mente sobre la otra, lamentablemente daba por sentado, al buscar una manera de mejorarlo rebasando la tecnología de esa época, su creencia de que las mentes podían comunicarse de manera paranomal, rindiéndose ante explicaciones místicas sobre las situaciones por las que había pasado y atribuyéndoselas al funcionamiento de lo que desconocía.

Es posible que haya tomado un mal camino en su exploración de la psicología sin anticiparse a que esta siempre ha sido el blanco preferido por la pseudociencia.