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16 oct 2016

La serie True Detective acusada de horror lovecraftiano

El teatro y el cine parecen tener bastantes recurso al poder materializar físicamente las ideas en el actuar, a pesar de esta característica ventajosa ante la narrativa, gran parte de la industria del cine y las series parecen decaer afanados por el lucro más que por la producción en sí misma. Sin embargo, series como True Detective aprovecharon esta oportunidad para plasmar la historia increíblemente, ganándose la admiración de muchos televidentes con la primera temporada.


Por supuesto, la creatividad de la serie tiene bases literarias, siendo la más notoria la del autor Robert Chambers (implícitamente Bierce), y se ha escrito mucho sobre gran cantidad referencias, influencias y conexiones posibles con filósofos o escritores, incluyendo el terror de Lovecraft.

Buscar referencias a este último es problemático, si bien Lovecraft admiró el trabajo de Chambers, haciendo menciones de sus ideas en varios de sus relatos, este sería más un enlace indirecto de la serie con la literatura lovecraftiana, pues ni el Rey de Amarillo ni Carcosa son elementos lovecraftianos originalmente. La representación del monstruo de espagueti y orejas verdes  (algunos ven similitud con la entidad Cthulhu), la visión del agujero negro y las estrellas negras del final de la primera temporada, la resignación de los personajes a aceptar que los casos son más grandes que ellos, además del curioso postulado sobre el universo explicado mediante la M-theory:

Our space-time would look flattened, like a single sculpture. Matter in a super-position, every place it ever occupied. Our sentience just cycling through our lives like carts on a track. See, everything outside our dimension—that's eternity. Eternity looking down on us. Now, to us, it's a sphere. But to them, it's a circle.

Si bien todos estos detalles, incluyendo ese pronombre en inglés -them- (pueden ser entidades cósmicas, siendo su evocación la eternidad), pueden tomarse como evidencia de algo lovecraftiano en la serie, al final se mantiene como algo ambiguo, sujeto a una infinidad de especulaciones. A este caso imposible de resolver se le suma lo dicho por Nic Pizzolatto sobre la serie:

(...)I hope the audience will be pleasantly surprised by the naturalism of the entire story. If you look at the series so far, what seems supernatural actually has real-world causes, like Cohle’s hallucinations, or even the nature of the crime. It has occult portents, but there is nothing supernatural about it.
(...)So it made sense – to me, at least – to allude to an external narrative that that is supposed to create insanity, or as I prefer, deranged enlightenment. When I did that, a kind of secondary language began to form in the scripts, where the notion of cosmic horror became a very real part of the environment, at least for those who know Chambers’ work.

Estos comentarios incrementan la duda ya que uno parece ser la aclaración definitiva de que ese horror sobrenatural, el que Lovecraft buscaba, no está presente en el universo de la serie, mientras el otro esclarece que la serie apela a el horror cósmico como la locura o iluminación desquiciada.

Por su parte Lovecraft veía en la ciencia una buena fuente de horror, como se puede leer en El horror sobrenatural en la literatura, oponiéndose a toda superstición y moralismo, por lo que sus obras no giraban en torno a dioses, demonios o magia, pues la naturaleza insondable del universo mismo permitía la posibilidad de toparse con toda clase de entidades, incluyendo a algunas que podían ser estudiadas y contactadas científicamente como sucede en obras como En las montañas de la locura, Desde el más allá o Los sueños en la casa de la bruja, esto es, entonces una visión naturalista.

Finalmente, esta serie seguirá dando de qué hablar, y se podrá especular mucho sobre las referencias a los autores, como Lovecraft, pero nada de esto puede opacar el hecho de que la ambientación ha logrado invocar lo extraño, semejante a lo que logró Chambers en la obra que inspiró tanto a Lovecraft como a True Detective, generando un clima de incertidumbre girando en torno a la locura, algo que ha abrumado a la misma audiencia, desatando toda clase de especulaciones y discusiones sobre su trasfondo, siendo este el mejor de los resultados.

20 jul 2016

La distopía de Chambers

El siguiente texto fue compartido en el sitio web Ciencia Ficción en Ecuador.



Robert W. Chambers fue un autor que en sus relatos estructuró atmósferas extrañas, opresivas y oscuras que evocaban un terror incognoscible, ese que buscaba leer y cultivar Lovecraft en la literatura norteamericana. A pesar de la decadencia literaria que el padre del terror cósmico le atribuye a Chambers, considerándolo un titán caído, no negó lo increíble de su obra más elogiada; El Rey de Amarillo, publicado en 1895 por F. Tennyson Neely y altamente influenciada por Ambrose Bierce.

Esta obra representada en varios relatos inspiró a muchos autores de literatura fantástica norteamericana, incluyendo a Lovecraft, quien posiblemente se vio influenciado en el maligno libro ficticio también llamado El Rey de Amarillo, para crear el terrible y renombrado Necronomicón, y agregó ambos textos a la terrorífica bibliografía fantástica parte de libros que causaban la locura y la muerte.




Pero el alcance de la imaginación retorcida de Chambers va más allá de lo fantástico, lo histórico y extraño visible en sus diversas obras, este escritor trasladó el miedo apabullante de sus historias a la frontera de la ficción especulativa, así sucede en el relato El Reparador de Reputaciones, donde advierte una posible sociedad norteamericana que prosperaba en los años veinte, después de una guerra con Alemania, y adoptaba medidas para preservarse, como la exclusión de los judíos, negros y el control de la inmigración.

También la centralización del poder, el mejoramiento infraestructura pública y la inversión a las artes eran las características de la nación estadounidense en la que el fanatismo religioso se había terminado y la felicidad parecía alcanzable, excepto para el resto del mundo que se caía en pedazos por el caos y los conflictos. Como podemos leer en El Reparador de Reputaciones:


(...) Muchos creyeron que había llegado el milenio de felicidad y abundancia, cuando menos en un nuevo mundo, que después de todo es un mundo de por sí.


Este sueño americano se va ennegreciendo más cuando se relata la aceptación del suicidio por parte del gobierno y la creación de cámaras especializadas para permitirle terminar con la existencia a quienes así lo deseen. Una medida aparentemente solidaria, se pensará, pero persigue el oscuro objetivo de deshacerse de aquellos débiles auto-destructivos, como lo declara un político al inaugurar estas cámaras de muerte. Mientras se narra tal prosperidad de tintes macabros, los delirios monárquicos del narrador, quien parece inestable mentalmente, muestran su relación y conocimiento del temible texto El Rey de Amarillo, ya censurado en varios continentes, según advierten, y también deja entrever sus saberes sobre el signo amarillo. Conocimiento que comparte con un anormal reparador de reputaciones, el cual lidera, mediante chantajes a personajes desesperados, la búsqueda del control de la nación, estableciendo una dinastía conectada con el mismísimo Rey de amarillo, y al servicio de este, planes que no pudieron cumplirse.

A pesar de esto, la sociedad que alcanzó la prosperidad mediante prácticas viles, exhibe, ya entrando a la realidad histórica, ciertos ideales presentes en la época en la que vivió Chambers; la eugenesia, el antisemitismo, el racismo y un exacerbado nacionalismo, además la militarización y centralización del poder, eran ideas latentes a finales del siglo XIX. Tales ideales fueron plasmados por el autor a modo política pública parte de un fortalecido estado militarista y excluyente, el cual era anhelo de una delirante dinastía venida desde Carcosa y entraba en los años veinte con rasgos de una infame distopía. Una anticipación que no estuvo muy lejos de la realidad.

Esta breve obra es un admirable ejercicio especulativo de creación de una indeseable sociedad por parte Chambers, siendo una muestra de increíble imaginación al transportar el extraño y macabro horror, característico del autor, a través de los siglos, aportando a las infinitas sociedades distópicas hechas posibles en el género especulativo.