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28 jul 2016

Cuando Hugo Gernsback elogió la ciencia ficción lovecraftiana


El siguiente texto fue publicado originalmente en el sitio Ciencia Ficción en Ecuador


Uno de los agentes más importantes de la producción y proliferación de la ciencia ficción en Estados Unidos en los años veinte, durante el boom de las revistas pulp, a pesar de las críticas, fue Hugo Gernsback. Hombre que lanzó revistas como Wonder Stories, Science Wonder Stories, Science and Invention, Radio News y Air Wonder Stories.

Pero la primera revista que fundó fue la famosa revista de ciencia ficción Amazing Stories, en 1926. Inaugurándose como una las revistas pulp pioneras de la ciencia ficción en América, en la cual el fundador perseguía, basado en su admiración por las creaciones de Wells y Verne, obras basadas en precisiones y predicciones de características científicas.

Lovecraft haría parte de este canon de ciencia ficción pulp en 1927, para sorpresa de los que niegan sus aportes a la ciencia ficción, cuando su increíble relato El color que cayó del cielo, veía la luz en el número de septiembre de Amazing Stories.

Esta narración recibiría los elogios del fundador y editor de la revista, como lo cita Jacques Sadoul, en su libro Historia de la ciencia ficción moderna:

(…) este relato es, literalmente hablando, uno de los más bellos que hayamos tenido la suerte de leer. Su tema es original y suficientemente extraordinario como para hacerlo destacar por encima de las narraciones de scientifiction contemporánea. No se arrepentirán ustedes de haber leído este magnífico cuento.

Admiración que también se puede ver por parte de Sadoul cuando resume y comenta el cuento lovecraftiano. Demostrando, además de lo impresionante que es la ciencia ficción que Lovecraft produjo, que el autor de Providence fue parte de una de las publicaciones pioneras en materia del género en américa, ganándose el mérito con tan fantástico relato de terror y ciencia ficción. Espacio que también se ganó en Astounding Stories, en 1936, otra de las reconocidas revistas pulp de ciencia ficción que es clave en la edad de oro del género, con la novela corta La sombra fuera del tiempo.

Esto hace evidente que Lovecraft reúne las cualidades de un autor prodigioso de ciencia ficción, cualidades que el mismo Gernsback tuvo la oportunidad de leer y apreciar mientras mantenía el control de Amazing Stories. Algo que también explica el Jacques Sadoul en su texto al hablar, por ejemplo, del bestiario lovecraftiano, el cual se distancia bastante de la fantasía y el terror supersticioso:

(…) pero en él la palabra «dios» no está cargada de ningún misticismo. Se trata de criaturas muy tangibles, hechas de carne, y sino sangre, al menos de otro fluido vital. Son en realidad, no los demonios de la tradición, sino extraterrestres llegados desde más allá del espacio, o del tiempo, o de otras dimensiones (…)

20 jul 2016

La distopía de Chambers

El siguiente texto fue compartido en el sitio web Ciencia Ficción en Ecuador.



Robert W. Chambers fue un autor que en sus relatos estructuró atmósferas extrañas, opresivas y oscuras que evocaban un terror incognoscible, ese que buscaba leer y cultivar Lovecraft en la literatura norteamericana. A pesar de la decadencia literaria que el padre del terror cósmico le atribuye a Chambers, considerándolo un titán caído, no negó lo increíble de su obra más elogiada; El Rey de Amarillo, publicado en 1895 por F. Tennyson Neely y altamente influenciada por Ambrose Bierce.

Esta obra representada en varios relatos inspiró a muchos autores de literatura fantástica norteamericana, incluyendo a Lovecraft, quien posiblemente se vio influenciado en el maligno libro ficticio también llamado El Rey de Amarillo, para crear el terrible y renombrado Necronomicón, y agregó ambos textos a la terrorífica bibliografía fantástica parte de libros que causaban la locura y la muerte.




Pero el alcance de la imaginación retorcida de Chambers va más allá de lo fantástico, lo histórico y extraño visible en sus diversas obras, este escritor trasladó el miedo apabullante de sus historias a la frontera de la ficción especulativa, así sucede en el relato El Reparador de Reputaciones, donde advierte una posible sociedad norteamericana que prosperaba en los años veinte, después de una guerra con Alemania, y adoptaba medidas para preservarse, como la exclusión de los judíos, negros y el control de la inmigración.

También la centralización del poder, el mejoramiento infraestructura pública y la inversión a las artes eran las características de la nación estadounidense en la que el fanatismo religioso se había terminado y la felicidad parecía alcanzable, excepto para el resto del mundo que se caía en pedazos por el caos y los conflictos. Como podemos leer en El Reparador de Reputaciones:


(...) Muchos creyeron que había llegado el milenio de felicidad y abundancia, cuando menos en un nuevo mundo, que después de todo es un mundo de por sí.


Este sueño americano se va ennegreciendo más cuando se relata la aceptación del suicidio por parte del gobierno y la creación de cámaras especializadas para permitirle terminar con la existencia a quienes así lo deseen. Una medida aparentemente solidaria, se pensará, pero persigue el oscuro objetivo de deshacerse de aquellos débiles auto-destructivos, como lo declara un político al inaugurar estas cámaras de muerte. Mientras se narra tal prosperidad de tintes macabros, los delirios monárquicos del narrador, quien parece inestable mentalmente, muestran su relación y conocimiento del temible texto El Rey de Amarillo, ya censurado en varios continentes, según advierten, y también deja entrever sus saberes sobre el signo amarillo. Conocimiento que comparte con un anormal reparador de reputaciones, el cual lidera, mediante chantajes a personajes desesperados, la búsqueda del control de la nación, estableciendo una dinastía conectada con el mismísimo Rey de amarillo, y al servicio de este, planes que no pudieron cumplirse.

A pesar de esto, la sociedad que alcanzó la prosperidad mediante prácticas viles, exhibe, ya entrando a la realidad histórica, ciertos ideales presentes en la época en la que vivió Chambers; la eugenesia, el antisemitismo, el racismo y un exacerbado nacionalismo, además la militarización y centralización del poder, eran ideas latentes a finales del siglo XIX. Tales ideales fueron plasmados por el autor a modo política pública parte de un fortalecido estado militarista y excluyente, el cual era anhelo de una delirante dinastía venida desde Carcosa y entraba en los años veinte con rasgos de una infame distopía. Una anticipación que no estuvo muy lejos de la realidad.

Esta breve obra es un admirable ejercicio especulativo de creación de una indeseable sociedad por parte Chambers, siendo una muestra de increíble imaginación al transportar el extraño y macabro horror, característico del autor, a través de los siglos, aportando a las infinitas sociedades distópicas hechas posibles en el género especulativo.

18 jun 2016

De la ciencia ficción en la literatura borgeana


En el aniversario de Jorge Luis Borges, el Ministerio de Cultura de la Nación de su país natal conmemoró los ya treinta años de su muerte, creando un hashtag y una serie de vídeos donde booktubers y conocedores del autor discutían sobre sus obras y particularidades.

En uno de estos vídeos una booktuber, llamada Juli Ferraro, y la famosa Beatriz Sarlo, conversaron acerca del autor, la conversación se hizo problemática cuando la joven plantea la posibilidad de que el Aleph, singularidad presente en el cuento El Aleph, fuese una predicción de la existencia del internet, ante esto la reconocida Beatriz Sarlo interrumpió a su interlocutora asegurándole que el Aleph no es una aparato tecnológico y Borges no es Julio Verne o H.G. Wells (exponentes clásicos de la ciencia ficción). Posteriormente, Beatriz Sarlo evade la contradicción recordando la multiplicidad de interpretaciones sobre las obras del escritor, lo cual comentó antes y reafirma después.

Lo problemático no es que eso llamado -Aleph- sea o no un objeto en Borges, abriéndose campo entre el simbolismo y la imaginación, una discusión que va desde lo literario hasta lo filosófico. Lo que se debe discutir es que la visión de Beatriz Sarlo de la ciencia ficción es pobre, limitada a solo dos referentes, importantes, pero no los únicos conocidos por Borges.

Cabe anotar que gran problema es definir la ciencia ficción, que no el único, y delimitar sus fronteras, cuando para la imaginación tales límites son inexistentes y, por el contrario,  se presenta mucha más variedad de la esperada, lo que recrudece el problema de encasillar la desasosegada ciencia ficción.

Pero esta periodista, según se dice, conocedora de Borges, pasó por alto que se trata de un autor universalista, pues leyó obras en otros idiomas y de infinitud de géneros literarios, entre eso de ciencia ficción. Su cercanía a este género no es una extrapolación inverosímil, una lectura literal o superflua. Se trata de un contacto evidente en varias de sus obras -y las de sus colaboradores-. Textos que hacen notar esto son Introducción a la literatura norteamericana y/o Introducción a la literatura inglesa, en el primero dedicando un apartado para géneros como el policiaco, western, y, por supuesto, la ciencia ficción, y en el segundo mencionándolo al hablar de Wells.


Siendo esto poco, Borges estuvo encargado del prólogo para la edición en español de Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury, El hombre invisible y La máquina del tiempo, textos de Wells. Además le dedicó un breve relato a Lovecraft, otro exponente de la ciencia ficción, en El libro de arena, autor al que se refirió en la obra, anteriormente mencionada, que introduce a la literatura norteamericana.

La percepción de Borges sobre la ciencia ficción variaría a lo largo del tiempo, como lo muestra José de Ambrosio en su artículo Borges y la ciencia ficción, en la Revista Cuásar. Irónicamente, mientras José de Ambrosio encuentra una conexión entre la ciencia ficción y Borges, exhibiría su desconocimiento de una ciencia ficción lovecraftiana, la cual fue elogiada por Hugo Hernsback y editada por Astounding Stories. 

Esta visión de la ciencia ficción basada únicamente en las obras de Wells y Verne, y la creencia de que el género únicamente gira en torno a la tecnología y aparatitos, es una muestra detallada de cómo el lector latinoamericano, incluso el erudito, como Beatriz Sarlo, desprecia y desconoce el alcance del género, su variedad y las posibilidades imaginadas que incluyen, más allá de la tecnología, la otredad, lo no-humano y los inútiles intentos de escrutar en la totalidad insondable del universo. Una búsqueda que el mismo Borges emprendió en su universo literario, evocando lo imposible a través de bibliotecas cósmicas y planetas metafóricos.


30 mar 2016

Una nación donde la ciencia ficción es utopía

El siguiente texto fue publicado originalmente en la revista electrónica LSD6,  y ha sido compartido en el blog De Avanzada y en el sitio web Ciencia Ficción Ecuador.



Nota: Este asunto lo trató Jaime Orrego en su búsqueda de la prehistoria de la ciencia ficción colombiana, sin embargo vale la pena reflexionar un poco más:

El autor Umberto Eco consideraba 1 la utopía, vertiente de la ciencia ficción, como la alternativa entre un mundo ideal y la irónica tragedia de una terrible realidad hecha posible. Se puede asegurar, con atrevimiento, que la ciencia ficción es en Colombia una utopía en sí, sea porque los entusiastas siguen soñando que en el futuro este género literario tendrá relevancia cultural o porque el hecho mismo de -inasistencia literaria- a la ciencia ficción puede tomarse como una característica de una sociedad distópica de escasa producción científica e intelectual. Aunque el autor italiano no hizo mención del término -distopía-, entendiendo su antagonismo ante la utopía, puede aplicarse para este caso.

Por esto es posible decir que la distópica Colombia ha dado muestras desde hace siglos de un desapego por la investigación científica y el desarrollo tecnológico, solo hasta el 2014 se graduó el primer astrónomo del país, ese mismo año el gobierno hizo recortes a la ciencia y la directora de dicha entidad que denunció esto fue destituida por el gobierno, pero el desprecio por la ciencia no solo afecta la academia, la salud y educación, además no se busca abordar aquí asuntos netamente burocráticos, es innegable que esta actitud anticientífica también ha afectado y afectará la literatura, y más la ciencia ficción, ya que existe una retroalimentación entre estas actividades; la ciencia le ha brindado elementos a la ficción para fundamentarse, mientras la ciencia ficción ha anticipado e inspirado parte del desarrollo científico. A pesar de esta yuxtaposición, el escaso apoyo de la nación a la ciencia ha disminuido la posibilidad de tener un lectorado que demande la producción de ciencia ficción, así como producción académica, y ha hecho que la literatura colombiana sea siempre más de lo mismo en sus tópicos literarios, aunque se considere estar en su mejor momento, sigue el predecible curso de la histórica violencia, prostitución, narcotráfico, pobreza o amoríos patrióticos en minúsculas poblaciones entre extensiones selváticas. Un curso que viene desde que los políticos, críticos y escritores conservadores del siglo XIX consideraban una herejía 2 la lectura de obras no hispánicas, como obras francesas e inglesas, hasta la perpetuación de la novela indigenista y del dictador, además del excesivo cubrimiento mediático al realismo mágico con fines chovinistas, de donde provienen los monótonos temas de la producción literaria actual.

Por otro lado, parte la escasez de esta literatura pareciera ser respuesta de cierta visión de la ciencia ficción como algo extranjero, lejano e innecesario en este mágico territorio, similar a la visión de la ciencia como algo ajeno e inútil para esta autocrática idiosincrasia supersticiosa, un miedo al «paganismo industrial» por parte de muchos. Es sabido que ambos aspectos son de calidad cosmopolita, hasta el término ciencia ficción es un calco de -science fiction-, por esto han despertado repudio por parte del ostracismo/nacionalismo no solo ideológico sino literario, legado de autores y críticos tradicionalistas de los inicios de la república. Algo visible hoy en día, por ejemplo, en los comentarios de buenos escritores como Juan Gabriel Vásquez, quien considera meramente «arqueológica»la producción literaria anterior al Boom latinoamericano, movimiento que en Colombia solo se valora por García Márquez.

Desconociendo así el papel de autores de la región más universales como Borges, y la influencia de extranjeros como Faulkner, Joyce o Hemingway, anteriores a toda tendencia latinoamericana, la cual paradójicamente resultó inspirarse en la literatura universal y cuyos defensores oportunistas se jactan de un cosmopolitismo gracias a la lectura internacional.

Ante todo esto se puede argumentar que el contexto ha impulsado este tipo de obras más realistas y realistas mágicas para llamar la atención sobre problemas latentes en una sociedad conflictiva, por lo que no habría terreno fértil para las obras de ciencia ficción que solo hablan de la aburrida ciencia y la peligrosa tecnología, pero es fácil contradecir esto si se hace un recorrido histórico por las obras de ciencia ficción, pues muchas evocan una variedad de problemáticas socioculturales existentes y venideras en todo el mundo, como hicieron antaño las obras de Orwell, Y. Zamiatin, Gertrude Barrows Bennett o H.G. Wells.

Ahora bien, no podemos valorar la literatura, ni la ciencia ficción, desde una visión utilitarista que solo busca metáforas para advertir y denunciar la opresión, aunque algunos autores pueden llevar a interpretaciones peligrosas tomando las obras de ciencia ficción como una mera plataforma de cuestiones politiqueras, algo que debieron reflexionar Jaime Orrego y Miguel Avilés. Lógicamente no se negará el enlace inherente de la literatura con la política, pero no es carácter exclusivo de la obra de ciencia ficción convertirse en panfleto ideológico, sus objetivos dependerán del alcance de la imaginación de cada autor, por lo que pueden ir desde asuntos pedagógicos, pasando por lo político e ideológico, hasta lo existencial y divulgativo.

Hasta ahora pareciera que el elemento político no ha sido benéfico para este género especulativo, es el caso del escritor René Rebetez, quien compaginó con la ideología comunista en Colombia y Cuba, como hizo García Márquez, y a pesar de esto el reconocimiento por parte del lector de estos ideales es nulo a diferencia del culto hacia Gabo que existe en los socialistas, por esto la muerte de Rebetez (aunque en México tiene un mayor reconocimiento) no impactó como lo hizo la de Gabo. Este viajero no fue el único de poca valoración por las letras y cultura colombiana, Antonio Mora Vélez tampoco ha alcanzado el impacto mediático que ha alcanzaron García Márquez, Fernando Vallejo o Santiago Gamboa, siendo este periodista también un cultor de la escasa ciencia ficción en este país, como muchos que existieron, existen y existirán, pero es posible que por cuestiones socioculturales no se les valore el trabajo de alcanzar algún día la utopía de una sociedad interesada en explorar los mundos posibles de la ciencia ficción.

Para finalizar, se debe aclarar que no se quiere negar ni despreciar, apelando una visión pesimista, los trabajos de Rebetez, Mora Vélez, Fuenmayor y Sliger, entre muchos más, que contra todo obstáculo sentaron precedentes en el género, ni de aquellos que siguen en la órbita de la ciencia ficción, como la ejemplar labor de la Revista Cosmocápsula, es posible que falte camino por recorrer, nuevos elementos por narrar y cambios sociales por suceder, pero vale la pena tener presente la utopía en el horizonte para no abandonar tan fructífero género, el cual nos brinda la posibilidad de escapar de tan tediosa realidad o abordarla desde otros lentes hipotéticos, lo que podría permitirnos soluciones científicas y tecnológicas a conflictos socioculturales latentes, promoviendo así la producción e investigación científica y literaria en un país que lo necesita.



Referencias: 

1. De los espejos y otros ensayos, Umberto Eco. DEBOLS!LLO

2. Historia de la crítica literaria en Colombia, David Panesso. Universidad Nacional de Colombia


8 ene 2016

Asimov lleva el universo holmesiano hacia la órbita de la ciencia ficción


Este escrito ha sido compartido en el sitio web Ciencia ficción en Ecuador.

La popularidad del canon holmesiano, creación de Arthur Conan Doyle, pareció interesar al brillante Isaac Asimov, por lo que atraído por lo detectivesco dedicó parte de su producción literaria a este subgénero, pero más allá de las novelas se pueden encontrar pistas de esto en la antología Más cuentos de los Viudos Negros, específicamente en el cuento El crimen supremo, donde un problema común pasa de discusión literaria a debate científico desarrollado increíblemente en la narración.

Illustration by Frank Wiles from The Strand Magazine, September 1914


Todo inicia con una pequeña discusión literaria que va desde los prejuicios de Agatha Christie reflejado en sus obras, hasta la actitud de muchos escritores ingleses de los años veinte y las aristocráticas características de sus creaciones, incluyendo lo decepcionante que pudo ser para Conan D. que su creación fuese más conocida que él mismo. Pero el interés de Asimov por Holmes en su cuento persigue la oscura intención de James Moriarty, némesis de Holmes, implícita en su publicación The Dynamics of an Asteroid, un texto ficticio cuyo contenido poco se describe en el universo holmesiano, y ha derivado en interminables discusiones e interpretaciones (algo común de los libros ficticios). Por parte el doctor Watson se obtiene algo de información del autor y su obra en El valle del terror:

(...) the celebrated author of The Dynamics of an Asteroid, a book which ascends to such rarefied heights of pure mathematics that it is said that there was no man in the scientific press capable of criticizing it? 

Esto es lo poco que se conoce del texto, y de Moriarty en esta última novela de Holmes, sin embargo los Viudos Negros, del cuento de Asimov, se aventuran a conjeturar entre crítica literaria y cuestiones científicas cuál era el objetivo del misterioso libro The Dynamics of an Asteroid, con el objetivo de ayudar a un invitado a participar en un grupo de entusiastas del detective inglés, mediante un escrito holmesiano innovador sobre este misterioso asunto.

Finalmente la búsqueda del por qué se tituló así terminó con la grandiosa idea de que el texto trataba algo más que un problema matemático sobre el origen de la explosión que dio paso a la trayectoria de los asteroides residuales de dicha explosión, según el viejo camarero Henry, debía existir una razón para censurar este libro en el mundo científico, y algo así se explicaría pensando en la maldad de Moriarty, quien buscaría replicar esta destrucción astronómica, pero esta vez en la tierra, para suplir sus oscuras intenciones (auto)destructivas, valiéndose de su conocimiento matemático para convertir un objeto rocoso de estos en un arma de gran destrucción.

Por tanto Asimov, gracias a su creatividad y genialidad, plantea en esta obra que los científicos europeos, el mismo Holmes y el mundo pudieron estar a merced de un Moriarty cuyos criminales deseos alcanzaban magnitudes astronómicas, llevando así el universo de Sherlock Holmes hacia las peligrosas posibilidades de la órbita de la ciencia ficción:

(…) there must have been something utterly fascinating in the vision of the actual physical destruction of a world.

3 dic 2015

Los literarios años veinte

Así como existe un mes interesante por el nacimiento de ciertos escritores, existe una década considerable por su producción literaria, esta década fue la de los cambiantes y conflictivos años veinte, más estables para Estados Unidos que los siguientes años de la depresión, aunque cargados de problemas socioculturales, fueron tiempos de fructífera producción para el fundador del terror cósmico, Lovecraft ya había publicado El terrible anciano, Los gatos de Ulthar, Nyarlatothep, El sabueso, La ciudad sin nombre, Desde el más allá, Azathoth, entre muchos más, incluyendo los más reconocidos como La llamada de Cthulhu, iniciando así los denominados Mitos de Cthulhu, Herbert West: Reanimador, Historia del Necronomicón, El color fuera del espacio, El horror de Dunwich, Las ratas en las paredes. Y es en esta época, en la que crea, describe y plasma el maldito libro ficticio; El Necronomicón.

El arqueólogo Howard Carter descubre la tumba de Tutankamón en 1922


Pero más allá de este autor, las revistas pulp como Black Mask, Fight Stories, Ghost Stories, Frontier Stories, World Fiction, Love Story Magazine, Weird Tales, Flying Aces, True Detective y Amazing Stories eran accesibles al vulgo, siendo lanzadas por primera vez en esta década.

Dashiell Hammett, participaba en el alcance de una de estas revistas, publicando la serie de Cosecha roja y La maldición de los Dain, además de increíbles cuentos como La ciudad de pesadilla, dando a conocer el rudo hard-boiled. Por su parte la poco reconocida Gertrude Barrows Bennett ya había creado su distopía en The Heads of Cerberus, y seguía participando en la clásica revista The Argosy, siendo considerada la inventora de la fantasía oscura. Por lo que las mujeres estaban haciendo más que ser parte de un coartado lectorado. Edmon Hamilton publicada su primer relato en esta década, The Monster God of Mamurth, además de apostarle a la space opera, junto con Edward Elmer Smith, que en esta misma fecha se considera se ganó su título del padre la opereta espacial con The Skylark of Space.

Seabury Quinn, contemporáneo de Lovecraft, daba paso a su detective paranormal y vendía a una revista pulp ya mencionada, su primer relato The Phantom Farmhouse. Igualmente José Félix Fuenmayor se ganaría el título de pionero de la ciencia ficción colombiana publicando Una triste aventura de 14 sabios, en una región donde perduraba la literatura generalmente indigenista y regionalista.

Por otro lado, William Butler Yeats y George Bernard Shaw ganaban el premio Nobel, mientras los últimos relatos de Sherlock Holmes eran publicados, a su vez el detective de Agatha Christie, Hercule Poirot, aparecía por primera vez en The Mysterious Affair at Styles. Hemingway era reconocido por su Fiesta, Virginia Woolf, con La Señora Dalloway y Joyce, con su Ulises (editada completa en esta época), junto con El ruido y la furia de William Faulkner, quien inspiró muchos latinos del boom, daban un vuelco a la novela moderna.



Aviso:

Este artículo está en constante expansión, bienvenidos los aportes.



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21 nov 2015

Lovecraft: Un escritor de ciencia ficción


El siguiente artículo fue publicado originalmente por la revista Cosmocápsula, de las pocas plataformas que le apuestan a la ciencia ficción en Colombia. La cosmocápsula más cerca del abismo lovecraftiano.


La cuestión de si es Howard Phillips Lovecraft un escritor de ciencia ficción no es blasfemia para los lectores lovecraftianos, tiende a convertirse en una discusión interminable y el abordar si se trata o no de ciencia ficción, además de terror y fantasía, lo que éste escribió, puede estar basado en erróneas concepciones y malinterpretaciones. Esto debido a que muchos pueden rechazar la afirmación (que Lovecraft escribió ciencia ficción) alegando que en sus relatos no hay más que referencias a conjuros, demonios, ciencias ocultas, brujas y hechiceros.

“(…) No nos costó ningún trabajo localizar los siniestros rasgos descritos por el antiguo demonólogo árabe; unos rasgos extraídos de alguna oscura manifestación sobrenatural de las almas de aquellos que fueron vejados y devorados después de muertos.” (1)

A simple vista pareciera este autor un apologista a las supersticiones en su prosa cargada de adjetivos y etiquetas sacadas del terror clásico, estilo similar al de algunos autores que él mismo elogió y criticó en su ensayo El horror sobrenatural en la literatura. Igualmente el reconocido “grimorio” llamado Necronomicón, citado y reseñado (2) por el mismo Lovecraft, al cual erróneamente (3) se le atribuye contener toda clase de oscuros rituales mágicos para invocar seres demoníacos, puede reforzar la idea de que estamos ante un autor de terror clásico, cuyas narraciones se mueven entre demonios, brujas y magia negra, siendo definitivo que su terror es fantástico a todas luces y alejado de la ciencia ficción.

Pero esta errónea percepción es refutable con una buena lectura de Lovecraft que permite que todo lector se encuentre no solo con un escritor de terror, si no con un innovador del terror, pues su terror literario, llamado horror cósmico o terror cósmico materialista, cambia totalmente el miedo mismo que ha de generar todo texto de este género; dicho terror cósmico se funda en la idea de que la humanidad no es más que una minúscula criatura comparada con el insondable cosmos que le rodea, donde pueden habitar poderosas entidades cósmicas, más antiguas que los primates, capaces de aplastar con su tecnología o influencia la especie humana, creando y describiendo así una compleja variedad de inimaginables seres repugnantes (4), algunos considerados partes del panteón de sus mitos de Cthulhu.

Y es aquí donde entramos al campo de la ciencia ficción, además de un lenguaje técnico (que sería sesgado considerar lo único necesario para escribir ciencia ficción) enfocado en doctrinas como la biología o física, que emplea en sus relatos, Lovecraft observó la bóveda celeste en busca de los horrores, alimentado por su fascinación por la astronomía (5), en busca del miedo a lo desconocido, del temor que el oscuro e inmenso universo genera al pensar en todo lo que allí puede habitar y nuestra ignorancia no permite entrever, encontrándose imaginariamente con criaturas sacada de los sueños más execrables jamás soñados por algún cuerdo.

Por lo tanto, se hace necesario aclarar que si se arguye que este autor estadounidense no le apostó a la ciencia ficción porque no describe naves, batallas espaciales e invasiones extraterrestres, se está analizando mal, ya que dicho escritor nos permite leer horrores provenientes de otros planetas, dimensiones y reinos oníricos, los cuales con su sola presencia destruyen la cordura de los personajes, siendo estos víctimas si no de la muerte, de un inevitable desequilibro mental. Además, aunque sus colosales horrores llevan eones atormentando a la humanidad, Lovecraft también exploró en sus obras visiones del futuro (6) y exploraciones humanas a otros planetas (7).

En sí la imaginación de Lovecraft abrió una gruta espacio-temporal por donde toda clase de horrores ingresarían, pero que él narró, estratégicamente para mostrar la fragilidad de la mente humana, como interpretaciones supersticiosas por parte de sus personajes, quienes ante la magnitud del horror, solo podían describir lo que las categorías humanas les permitían conceptualizar, como “demonios” y “magia”, cuando en realidad se trataban de seres extradimensionales y fenómenos cósmicos irreconocibles por la ciencia mundana, dejándolo así entrever los resignados personajes a inicios o finales de las narraciones. Por lo tanto este exponente del género abrió el camino del terror cósmico, terror lovecraftiano, vehiculado por la ciencia ficción, más allá de todo estereotipo moderno, y mucho antes que a los escritores de dicho género se les ocurriera escrutar en el vacío en busca de temores primigenios, como el miedo a lo desconocido.

“(…) Me he asomado más allá de los confines del infinito y he invocado a los demonios de las estrellas… He cabalgado sobre las sombras que van de mundo en mundo sembrando la muerte y la locura.” (8)


Referencias:

1. El sabueso (The hound), 1924

2. Historia del Necronomicón (History of Necronomicon), 1927

3. El Necronomicón entre la literatura y la charlatanería

4. Bestiario, de la editorial Libros del Zorro Rojo

5. H.P. Lovecraft’s Interest in Astronomy

6. Hasta en los mares (Till a’ the seas), 1935

7. En los muros de Eryx (In the walls of Eryx),1936

8. Desde el más allá (From beyond), 1920

9 oct 2015

Llegaron los relatos increíbles

En Perú la iniciativa de ACUEDI ha arrancado con toda; la revista Relatos Increíbles, de difusión gratuita y financiación voluntaria, saca su primer número con excelentes relatos de autores como Sergio Mars y Miguel Huertas, junto a más aventureros de la fantasía, la ciencia ficción y el terror, géneros a los que poco se les apuesta en Latinoamérica, hasta ahora.




Este humilde y noble proyecto de producción literaria se ha hecho realidad gracias a un gran equipo que acompaña Héctor Huerto Vizcarra, director y encargado de dar la bienvenida al lectorado en este primer número de la revista, que está imperdible, se espera con ansías los siguientes números.