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20 jul 2016

La distopía de Chambers

El siguiente texto fue compartido en el sitio web Ciencia Ficción en Ecuador.



Robert W. Chambers fue un autor que en sus relatos estructuró atmósferas extrañas, opresivas y oscuras que evocaban un terror incognoscible, ese que buscaba leer y cultivar Lovecraft en la literatura norteamericana. A pesar de la decadencia literaria que el padre del terror cósmico le atribuye a Chambers, considerándolo un titán caído, no negó lo increíble de su obra más elogiada; El Rey de Amarillo, publicado en 1895 por F. Tennyson Neely y altamente influenciada por Ambrose Bierce.

Esta obra representada en varios relatos inspiró a muchos autores de literatura fantástica norteamericana, incluyendo a Lovecraft, quien posiblemente se vio influenciado en el maligno libro ficticio también llamado El Rey de Amarillo, para crear el terrible y renombrado Necronomicón, y agregó ambos textos a la terrorífica bibliografía fantástica parte de libros que causaban la locura y la muerte.




Pero el alcance de la imaginación retorcida de Chambers va más allá de lo fantástico, lo histórico y extraño visible en sus diversas obras, este escritor trasladó el miedo apabullante de sus historias a la frontera de la ficción especulativa, así sucede en el relato El Reparador de Reputaciones, donde advierte una posible sociedad norteamericana que prosperaba en los años veinte, después de una guerra con Alemania, y adoptaba medidas para preservarse, como la exclusión de los judíos, negros y el control de la inmigración.

También la centralización del poder, el mejoramiento infraestructura pública y la inversión a las artes eran las características de la nación estadounidense en la que el fanatismo religioso se había terminado y la felicidad parecía alcanzable, excepto para el resto del mundo que se caía en pedazos por el caos y los conflictos. Como podemos leer en El Reparador de Reputaciones:


(...) Muchos creyeron que había llegado el milenio de felicidad y abundancia, cuando menos en un nuevo mundo, que después de todo es un mundo de por sí.


Este sueño americano se va ennegreciendo más cuando se relata la aceptación del suicidio por parte del gobierno y la creación de cámaras especializadas para permitirle terminar con la existencia a quienes así lo deseen. Una medida aparentemente solidaria, se pensará, pero persigue el oscuro objetivo de deshacerse de aquellos débiles auto-destructivos, como lo declara un político al inaugurar estas cámaras de muerte. Mientras se narra tal prosperidad de tintes macabros, los delirios monárquicos del narrador, quien parece inestable mentalmente, muestran su relación y conocimiento del temible texto El Rey de Amarillo, ya censurado en varios continentes, según advierten, y también deja entrever sus saberes sobre el signo amarillo. Conocimiento que comparte con un anormal reparador de reputaciones, el cual lidera, mediante chantajes a personajes desesperados, la búsqueda del control de la nación, estableciendo una dinastía conectada con el mismísimo Rey de amarillo, y al servicio de este, planes que no pudieron cumplirse.

A pesar de esto, la sociedad que alcanzó la prosperidad mediante prácticas viles, exhibe, ya entrando a la realidad histórica, ciertos ideales presentes en la época en la que vivió Chambers; la eugenesia, el antisemitismo, el racismo y un exacerbado nacionalismo, además la militarización y centralización del poder, eran ideas latentes a finales del siglo XIX. Tales ideales fueron plasmados por el autor a modo política pública parte de un fortalecido estado militarista y excluyente, el cual era anhelo de una delirante dinastía venida desde Carcosa y entraba en los años veinte con rasgos de una infame distopía. Una anticipación que no estuvo muy lejos de la realidad.

Esta breve obra es un admirable ejercicio especulativo de creación de una indeseable sociedad por parte Chambers, siendo una muestra de increíble imaginación al transportar el extraño y macabro horror, característico del autor, a través de los siglos, aportando a las infinitas sociedades distópicas hechas posibles en el género especulativo.

30 mar 2016

Una nación donde la ciencia ficción es utopía

El siguiente texto fue publicado originalmente en la revista electrónica LSD6,  y ha sido compartido en el blog De Avanzada y en el sitio web Ciencia Ficción Ecuador.



Nota: Este asunto lo trató Jaime Orrego en su búsqueda de la prehistoria de la ciencia ficción colombiana, sin embargo vale la pena reflexionar un poco más:

El autor Umberto Eco consideraba 1 la utopía, vertiente de la ciencia ficción, como la alternativa entre un mundo ideal y la irónica tragedia de una terrible realidad hecha posible. Se puede asegurar, con atrevimiento, que la ciencia ficción es en Colombia una utopía en sí, sea porque los entusiastas siguen soñando que en el futuro este género literario tendrá relevancia cultural o porque el hecho mismo de -inasistencia literaria- a la ciencia ficción puede tomarse como una característica de una sociedad distópica de escasa producción científica e intelectual. Aunque el autor italiano no hizo mención del término -distopía-, entendiendo su antagonismo ante la utopía, puede aplicarse para este caso.

Por esto es posible decir que la distópica Colombia ha dado muestras desde hace siglos de un desapego por la investigación científica y el desarrollo tecnológico, solo hasta el 2014 se graduó el primer astrónomo del país, ese mismo año el gobierno hizo recortes a la ciencia y la directora de dicha entidad que denunció esto fue destituida por el gobierno, pero el desprecio por la ciencia no solo afecta la academia, la salud y educación, además no se busca abordar aquí asuntos netamente burocráticos, es innegable que esta actitud anticientífica también ha afectado y afectará la literatura, y más la ciencia ficción, ya que existe una retroalimentación entre estas actividades; la ciencia le ha brindado elementos a la ficción para fundamentarse, mientras la ciencia ficción ha anticipado e inspirado parte del desarrollo científico. A pesar de esta yuxtaposición, el escaso apoyo de la nación a la ciencia ha disminuido la posibilidad de tener un lectorado que demande la producción de ciencia ficción, así como producción académica, y ha hecho que la literatura colombiana sea siempre más de lo mismo en sus tópicos literarios, aunque se considere estar en su mejor momento, sigue el predecible curso de la histórica violencia, prostitución, narcotráfico, pobreza o amoríos patrióticos en minúsculas poblaciones entre extensiones selváticas. Un curso que viene desde que los políticos, críticos y escritores conservadores del siglo XIX consideraban una herejía 2 la lectura de obras no hispánicas, como obras francesas e inglesas, hasta la perpetuación de la novela indigenista y del dictador, además del excesivo cubrimiento mediático al realismo mágico con fines chovinistas, de donde provienen los monótonos temas de la producción literaria actual.

Por otro lado, parte la escasez de esta literatura pareciera ser respuesta de cierta visión de la ciencia ficción como algo extranjero, lejano e innecesario en este mágico territorio, similar a la visión de la ciencia como algo ajeno e inútil para esta autocrática idiosincrasia supersticiosa, un miedo al «paganismo industrial» por parte de muchos. Es sabido que ambos aspectos son de calidad cosmopolita, hasta el término ciencia ficción es un calco de -science fiction-, por esto han despertado repudio por parte del ostracismo/nacionalismo no solo ideológico sino literario, legado de autores y críticos tradicionalistas de los inicios de la república. Algo visible hoy en día, por ejemplo, en los comentarios de buenos escritores como Juan Gabriel Vásquez, quien considera meramente «arqueológica»la producción literaria anterior al Boom latinoamericano, movimiento que en Colombia solo se valora por García Márquez.

Desconociendo así el papel de autores de la región más universales como Borges, y la influencia de extranjeros como Faulkner, Joyce o Hemingway, anteriores a toda tendencia latinoamericana, la cual paradójicamente resultó inspirarse en la literatura universal y cuyos defensores oportunistas se jactan de un cosmopolitismo gracias a la lectura internacional.

Ante todo esto se puede argumentar que el contexto ha impulsado este tipo de obras más realistas y realistas mágicas para llamar la atención sobre problemas latentes en una sociedad conflictiva, por lo que no habría terreno fértil para las obras de ciencia ficción que solo hablan de la aburrida ciencia y la peligrosa tecnología, pero es fácil contradecir esto si se hace un recorrido histórico por las obras de ciencia ficción, pues muchas evocan una variedad de problemáticas socioculturales existentes y venideras en todo el mundo, como hicieron antaño las obras de Orwell, Y. Zamiatin, Gertrude Barrows Bennett o H.G. Wells.

Ahora bien, no podemos valorar la literatura, ni la ciencia ficción, desde una visión utilitarista que solo busca metáforas para advertir y denunciar la opresión, aunque algunos autores pueden llevar a interpretaciones peligrosas tomando las obras de ciencia ficción como una mera plataforma de cuestiones politiqueras, algo que debieron reflexionar Jaime Orrego y Miguel Avilés. Lógicamente no se negará el enlace inherente de la literatura con la política, pero no es carácter exclusivo de la obra de ciencia ficción convertirse en panfleto ideológico, sus objetivos dependerán del alcance de la imaginación de cada autor, por lo que pueden ir desde asuntos pedagógicos, pasando por lo político e ideológico, hasta lo existencial y divulgativo.

Hasta ahora pareciera que el elemento político no ha sido benéfico para este género especulativo, es el caso del escritor René Rebetez, quien compaginó con la ideología comunista en Colombia y Cuba, como hizo García Márquez, y a pesar de esto el reconocimiento por parte del lector de estos ideales es nulo a diferencia del culto hacia Gabo que existe en los socialistas, por esto la muerte de Rebetez (aunque en México tiene un mayor reconocimiento) no impactó como lo hizo la de Gabo. Este viajero no fue el único de poca valoración por las letras y cultura colombiana, Antonio Mora Vélez tampoco ha alcanzado el impacto mediático que ha alcanzaron García Márquez, Fernando Vallejo o Santiago Gamboa, siendo este periodista también un cultor de la escasa ciencia ficción en este país, como muchos que existieron, existen y existirán, pero es posible que por cuestiones socioculturales no se les valore el trabajo de alcanzar algún día la utopía de una sociedad interesada en explorar los mundos posibles de la ciencia ficción.

Para finalizar, se debe aclarar que no se quiere negar ni despreciar, apelando una visión pesimista, los trabajos de Rebetez, Mora Vélez, Fuenmayor y Sliger, entre muchos más, que contra todo obstáculo sentaron precedentes en el género, ni de aquellos que siguen en la órbita de la ciencia ficción, como la ejemplar labor de la Revista Cosmocápsula, es posible que falte camino por recorrer, nuevos elementos por narrar y cambios sociales por suceder, pero vale la pena tener presente la utopía en el horizonte para no abandonar tan fructífero género, el cual nos brinda la posibilidad de escapar de tan tediosa realidad o abordarla desde otros lentes hipotéticos, lo que podría permitirnos soluciones científicas y tecnológicas a conflictos socioculturales latentes, promoviendo así la producción e investigación científica y literaria en un país que lo necesita.



Referencias: 

1. De los espejos y otros ensayos, Umberto Eco. DEBOLS!LLO

2. Historia de la crítica literaria en Colombia, David Panesso. Universidad Nacional de Colombia