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24 oct 2015

Los críticos liberales

La discusión sobre la influencia política en la literatura y el papel de la literatura en el campo político siempre está servida. Pero a pesar de la negación sobre la inevitable relación entre ambos asuntos, es evidente que se afectan mutuamente, para bien o para mal. Igualmente ambos aspectos son una representación de la sociedad e influyen en esta.

En relación a esto David Jimenez reseña en el libro Historia de la crítica literaria en Colombia el comportamiento y dinámica de la crítica en el siglo XIX en Colombia, una época de cambios fortuitos de ideales y paradigmas en un país altamente religioso, mostrando un panorama interesante mediante un conciso análisis de ciertos personajes, y sus aportes, destacados en esta materia.

En el texto desde el inicio evidencia una crítica literaria supeditada a la religión mayoritaria de la nación, junto a una tendencia conservadora que triunfaba en el estado, premisa con la que se abre la primera parte, dedicada a este siglo industrial, empezando con José María Samper:

(...) la literatura, decimos, tiene una misión universal por excelencia, y ella está predestinada, a reconstruir la civilización sobre las bases del cristianismo 
Samper era uno de los muchos casos de desprecio por el desarrollo tecnológico de la época, temiendo que este paganismo industrial influenciara la literatura que él tomaba como otro vehículo para llevar a cabo la cristianización. Prescindiendo de Rafael Núñez, líder de la regeneración, de criterios similares a Samper, el autor resalta a Miguel Antonio Caro, por sus estudios y erudición, sacando a relucir la crítica de este que se sustentaba en la tradición hispánica, un ferviente nacionalismo y la religión como elementos necesarios para el arte y las letras, era por este motivo que consideraba que Voltaire, el deísta francés ilustrado, tenía un pensamiento superficial para valorar el arte. A su vez que afirmaba con vehemencia:

(...) el arte en general y la poesía en particular, en sus condiciones esenciales (...) siempre aparece ligado a la religión.

Por esto no era extraño que Caro sustentara sus críticas en la fórmula:

El catolicismo es la más poética de las religiones.
En toda la primera parte de libro la esperanza de encontrar una crítica literaria que no estuviese contaminada con sentimientos religiosos y tradicionalistas en esa época, en momentos de inevitable progreso científico, parece desaparecer de no ser por Camacho Roldán, y, en especial, Juan de Dios Uribe, ambos de visión liberal, laica y positivista del mundo, incluyendo la literatura.

Juan de Dios Uribe, desterrado y apresado por Núñez como reacción a sus pensamientos liberales, expresados con la vehemencia de los críticos anteriores que eran contrarios a sus ideales, se enfrentaba a la devoción católica:

El hombre no lleva parte alguna señal de su venida del cielo. En su organización como su inteligencia se cumplen las leyes naturales.
Igualmente criticaba el vacío que dejaba esta religión para la mujer, a diferencia del mensaje que dejaba una poesía liberadora como la de Diógenes Arrieta que tanto elogiaba.

La evidente influencia política en los críticos, escritores y artistas le daba la razón a José María Vergara y Vergara, otro devoto católico que hizo un ejercicio retrospectivo de la crítica, para aseverar:

La literatura en América está de tal manera enlazada con los sucesos políticos, que no se puede seguir la marcha de aquélla sin buscar su causa en estos.

Lo más probable es que muchos dispusieran su conocimiento y actividad literaria para fines políticos, defendido intereses de un partido al calor de conflictos ideológicos, algo innegablemente discutible, como nos permite reflexionar el texto, pero muchas posiciones liberales representaron una expresión que marcaba la diferencia a pesar de la persecución religiosa tanto en la política como en las letras que se cernía sobre la sociedad para dicha época, igualmente, quienes abrazaron los dogmas religiosos, se permitieron dejarle a la crítica un legado valioso para desarrollarse posteriormente.

Después de todo bien lo dice George Steiner en Lenguaje y Silencio:

(...) el crítico puede actuar de intermediaron y guardián. Parte de su cometido es constatar que un régimen político no puede imponer el olvido o la distorsión a la obra de un escritor (...)

3 mar 2015

El triángulo literario del ateísmo

Anteriormente se habló de la terrible alianza contra el cáncer de la superstición, ahora vale la pena aprender de una geométrica conexión que también llega a representar un peligro para las irracionalidades.

El reconocido escritor ateo Christopher Hitchens parece haber visto a Lovecraft como un excelente aliado, más allá del tiempo y del espacio, a la hora de combatir, entre letras e ideas, la decadente religión. Tal vez es por esto que en su libro: The Portable Atheist: Essential Readings for the Non-Believer (2007) permite que el cultor del terror cósmico haga parte del esencial capítulo dieciocho, donde aparece una carta enviada a Maurice W. Moe, en la cual responde, con modestia pero sin cobardía, qué es lo que tiene contra de la religión, dejando las cosas claras para los crédulos e incrédulos.

Por otro parte, más o menos un año previo a la muerte de Hitchens, el biógrafo por excelencia de Lovecraft, S. T. Joshi, y ateo también, saca a la luz Against Religion: The Atheist Writings of H.P. Lovecraft (2010), un texto que reúne todas las reflexiones, provenientes de la íntima correspondencia del autor providenciano, en las que expresa, a sus amigos y allegados, su infiel visión de la religión y su relación con la ciencia y la sociedad. Este impío texto no pudo tener mejor apertura que un prólogo, On The Varieties of Non-Religious Experience, a cargo del mismísimo Hitchens, anteriormente mencionado. Al parecer estos tres establecieron de alguna manera, tal vez indirecta, un triángulo literario de admirables autores sin dios, y marcharon juntos rumbo a la batalla (de ideas) contra el oscuro legado del dogmatismo.

Si bien, solo uno de ellos ha sobrevivido ante los embates de graves afecciones, Joshi, las páginas dejan expresa que la razón y el escepticismo, de los otros dos caídos, se mantienen firmes a pesar de todo y planean mantener este pensamiento más allá de los eones.

Dejo una pequeña muestra de las primeras dosis de incredulidad de un joven Lovecraft:







Enlaces de interés:

El capítulo dedicado a la carta de Lovecraft en el libro de C. Hitchens

El prólogo de C. Hitchens en el libro de S.T. Joshi